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lunes, 22 de junio de 2009

Esencias


Desde pequeña había soñado que todo cuanto deseara se convirtiera en realidad. Que de pronto, las verduras tuvieran sabor a golosinas, que las inyecciones hicieran cosquillas, que jugar en la lluvia no enfermara, que los animales salvajes pudieran domesticarse, que en lugar de montañas, la ciudad estuviera rodeada de mar (por lo menos uno de sus lados), que la tristeza se pudiera desaparecer con una caricia, una flor y un beso, que se aprendieran matemáticas con sólo quererlo.

De grande, desea otras cosas, pero sigue soñando que sus deseos se convierten en realidad.


lunes, 20 de abril de 2009

Sueño, pesadilla o una anticipada realidad


Iba yo por la calle cargando una maqueta del largo de mis codos cuando mis brazos están extendidos en cruz. Se notaba que tenía prisa, mi paso era apurado, más bien apresurado (si es que hay alguna diferencia) y el corazón lo sentía acelerado. Iba llegando a la escuela, se supone que a la Normal, pero no tenía el aspecto de la Normal (ya se sabe que en los sueños las cosas no son como en la realidad).

Pero antes de llegar ahí, entré a la casa de al lado (sí, en mi sueño había una casa al lado de la Normal que no parecía la real Normal), entré como Pedro por su casa, puse la maqueta en una mesa y comencé a darme opciones de hacer muñequitos para ella, pensaba en utilizar periódico de base y luego forrarlos con cartoncillo.

Estaba en eso cuando llegó Lidia preguntándome “¿Te ayudo en algo?”, a lo que le respondí “Pues estoy haciendo los monitos, pero ya hiciste bastante porque conseguiste la casa de tu tía (se supone que la tía nos prestó la casa para cuando necesitáramos algo y nos dio las llaves) y Jessy hizo la maqueta, sólo faltan los mugrosos monitos”.

Y ahí estaba yo, tratando de formar los mentados muñequitos cuando veo el reloj (no recuerdo la hora) pero ya era tiempo de ir a la escuela, pues resulta que ya habíamos perdido la primera clase y en la segunda teníamos clase con el profesor N (de a buenas que no soñé con una maestra, porque este semestre sólo tenemos una, no habría pierde) y no podíamos faltar. Salimos casi corriendo y subimos las escaleras (de metal) a toda prisa, afortunadamente llegamos a tiempo y no nos regañaron, pero el maestro estaba preparando un discurso para otro tipo de regaño, cuando estaba iniciando… me desperté.

¿Así o más traumada?

Me encanta soñar, pero más me gusta recordar los sueños.



sábado, 24 de enero de 2009

Sueños


Las ilusiones de la infancia suelen resurgir en la memoria de manera inesperada, invadiendo los sentidos, saturándolos de recuerdos, transportando la mente a tiempos llenos de imaginación y de entusiasmo.

Al volver a este pasado de ensueño, es casi imposible no recuperar momentáneamente todo lo que se encontraba alrededor: olores, imágenes, sensaciones, personas, etc., dando la oportunidad de poder viajar en el tiempo, revivir, casi de manera real, aquello que pasaba por la cabeza.

Con estas experiencias, de recordar los sueños que se tenían de pequeños, se va recuperando la alegría inocente de los primeros años, la dulce ingenuidad de la omnipotencia. Es gracias a los sueños de la infancia que se llegan a establecer nuevas metas, incluso pueden alcanzar aquellas que parecían imposibles.

Para algunos, la frase: recordar es volver a vivir significa, entre otras cosas, que es la oportunidad de recuperar la fuerza de voluntad, la ilusión y el empuje para alcanzar aquello por lo que vale la pena luchar, aquello que emociona y remonta a la etapa en que se era todopoderoso.