Desde pequeña había soñado que todo cuanto deseara se convirtiera en realidad. Que de pronto, las verduras tuvieran sabor a golosinas, que las inyecciones hicieran cosquillas, que jugar en la lluvia no enfermara, que los animales salvajes pudieran domesticarse, que en lugar de montañas, la ciudad estuviera rodeada de mar (por lo menos uno de sus lados), que la tristeza se pudiera desaparecer con una caricia, una flor y un beso, que se aprendieran matemáticas con sólo quererlo.
De grande, desea otras cosas, pero sigue soñando que sus deseos se convierten en realidad.
